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..lo siento, sé que llego otra vez tarde a
cenar.
Estaba pensando en aquellos besos que
cerraban penas, que endulzaban las cicatrices y le anunciaban a las hormigas
que había esa vez buffet libre dentro de mí. Las caricias que se daban porque
sí, espolvoreadas con una sonrisa, matizaban los aires de domingo cuando íbamos
de la mano. A escondidas, tu blusa de abría para cerrar heridas, para dejarle
paso al silencio que se hacía cuando nos besábamos, anunciando el fin de fiesta
cuando me acariciabas la cabeza y me dormía escuchando los latidos de tu
corazón.
Hubo veces que la noche se puso en pie
para mirarnos, cuando fantaseábamos con los aviones que nos cruzaban por encima
y yo bailaba al son de tus cosquillas. Hicimos alguna vez de nuestro cuerpo una
rosca y abrazados nos dimos miles de vueltas, que tu sonrisa siempre fue fiel
espectador de mis historias. Acabé perdiendo la cuenta de la cantidad de besos
que cabían en tu cuerpo, tú mientras tanto buscabas la llave que cerraba mis
heridas..
Llegó el sinsentido de tu marcha, que
nos dejó a todos boquiabiertos y llenos de escombros por dentro. Jamás llegamos
a entender los porqué.. El porqué tú, porqué en ese momento, porqué de esa
manera, porqué.. de aquella manera tan injusta. Desde entonces pasé algún
tiempo bajo el marco de la ventana escribiendo y arrugando después, acumulando
sentimientos en la papelera. Te escribía a ti, me escribía a mi, escribía a
todos aquellos a los que nos dejaste huérfanos, incluso este blog durante un
tiempo se empapó de ti. Creo que jamás llegaste a leerlo.. ni tampoco leerás esto..
Pasaron los años y llegaron los
primeros silencios, el hartazgo de intentar saber de ti y no encontrar
respuesta. Respondí cientos de veces que ‘estos,
mis escritos, jamás van dirigidos a nadie’ a todos aquellos que los removía
el interés –y los celos-. Te escribí una y otra vez, como aquella costumbre de
introducir un pequeño texto dentro de una botella y lanzarla al mar, por si
alguna vez te daba por pasar por aquí.. Llené bien la bañera, procuré tenerla
al punto de espuma, rodeada de velas, y allí reposan desde entonces, esperándote..
..y desistí.
Y entonces.. ¿Estará de nuevo
engalanada la mesa para la ocasión? ¿Será rememorado aquel instante en el que
pasamos directamente al postre..? ¿Sacarás aquel péndulo que, como tantos
besos, te presté con la excusa de volver allí? De volver a ti..
Solo espero, feliz mamá, que la vida te
sonría, que hayas encontrado un beso en la frente al dormir y una mano caliente
que te acaricie la cara cuando se cuele el sol por la ventana. Que le hayas
recomendado a tu bebé aquella tienda en la que compraste tu sonrisa y te
regalaron unos ojos a juego.. A pesar de todo, jamás olvidé tu 15 de Enero, ni
aquel beso que me abrió las puertas de Diciembre.
Hasta siempre, ‘duendecilla’.
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