Letras

Publicado en Relatos el 21 de Diciembre, 2013, 13:06 por -SaLeM-

  A esas horas el caos ciudadano de la zona era latente después de los últimos tachones que alguien decidió hacer en los planos municipales. Para mí, como ciudadano desubicado, había montones de luces que se movían demasiado rápido, otras con demasiada impaciencia.. y no faltaban los codazos sin disculpa.

  Pasa, que a la hora de contar siempre suelo olvidar que me llevo una, todo fue fruto de mi enemistad con los números.. Necesitaba el regalo perfecto, era el lugar más cercano a mi casa, aún me quedaban montones de cosas por hacer, el camarada Súgus me esperaba con frío en el patio de casa.. Un cúmulo de casualidades fueron las que me hicieron ir a esa librería en particular.

  Al llegar allí la puerta estaba cerrada. Después de unos instantes observando las últimas novedades del escaparate decidí plantarle cara a la encrucijada de estanterías, baldas y torres de libros que había dentro. Quizá fue que a mí también se me acabó la paciencia por un instante, que después de las últimas circunstancias agradezco más el contacto humano, o aprovechar la ocasión para entablar conversación. Allí estaba ella, y a ella acudí.

  Tenía una sonrisa tímida, el pelo suelto y ondulado, unos ojos pequeños.. Al hablar no miraba hacia mi y quizá me resultó extraño, pero entendí que la experiencia repetida (por desgracia) por la educación en ocasiones de los demás la enseñaron a realizar su trabajo sin distracción. Preguntas ligeras sobre mi búsqueda allí, respuestas por si este o aquel libro fuese el adecuado, hasta que decidí romper la barrera de su profesionalidad haciendo una estupidez, hacerla sonreír..

  Tal vez fue al mirarme por encima de las gafas, o al retirarse el pelo de la cara.. y sonrió. Y yo me perdí. Y empecé a imaginar deprisa montones de historias , a imaginar sobre sus gustos, su nombre.. y ella siguió mirándome, y sonreía. Y la veía con sus dedos largos y finos moverse rápido entre tantos volúmenes. Me preguntó en alguna ocasión si aquel libro era el adecuado y a punto estuve de responderla que sí, que después del trabajo pasaría a recogerla. Y nos vi tomando café, cosquilleándome la boca del estómago, poniéndome cada vez más nervioso..

  ..pero en mi hora de volver a la realidad y no querer hacerla perder más tiempo decidí aceptar uno de tantos. Ella marchó, y enseguida volvió con más clientes mientras miraba con indiferencia unas letras. Nos mirábamos de reojo, yo para ir desconectando de poco en poco y ella (entiendolo así..) para maldecirme una y otra vez por el desastre y desorden de todos aquellos libros que habíamos sacado.

  Llegó la hora de pagar y marchar mientras observaba media docena de biografías oportunistas de Mandela. Pero otra vez apareció por allí, y se me entremezclaron una sensación de sensaciones incompatibles. Por un lado, el cogerla de las manos y correr hacia la montaña que enseñaba el libro que abría para otro cliente distraído. Por otro, un pequeño murmullo que compartimos para, de nuevo, volver a perderme..

 - "No te preocupes, estaré bien". Creo que fue algo así lo que me dijo, o posiblemente imaginé mientras marchaba de allí.. Y volví a encontrarme de nuevo en una ciudad fría, inoportuna a veces. Me volví un instante allí fuera para verla por última vez, y me fijé como, mientras nadie miraba, corría a la sección que había delante del mostrador, para volver a casa. A un libro de cuentos, lleno de finales felices.

..y cómo no,
una canción